El trágico final de una familia

Cuatro imágenes de una familia aniquilada que quedaron pegadas en el frente del edificio del Pasaje Maestro 5, casi Rivadavia. Allí el martes 15 de mayo de 2007 a media mañana, Gabriel Hernández —separado de Verónica Tuma desde hacía dos años— golpeó y mató de dos balazos en la cabeza a su ex mujer con un revolver calibre 38 largo y a asesinó a mazazos a su hijo varón.


La única que se había salvado era la nena, porque estaba en la escuela, pero el hombre fue a buscarla sobre el mediodía (tenía permiso para retirarla del colegio, donde cursaba el primer grado) y desapareció con ella. La mataría horas después, poco antes de suicidarse.

El caso es tan dramático que casi no registra antecedentes. Tal vez una historia similar fue la del albañil cordobés Rafael Arcángel Avallay, quien en el pueblo de Unquillo, en agosto de 2001, degolló a sus cuatro hijos, de entre 7 y 2 años, porque su mujer lo dejó. Intento suicidarse tomando un insecticida y cortándose las venas, pero lo detuvieron antes.


Con la secuencia de fotos expuesta a los medios los Tuma buscaban evitar que hubiera más muertes, que la Policía o alguien encontrara a Gabriel Hernández antes de que siguiera matando. De hecho durante toda la mañana decenas de vecinos se acercaron a verlas y prometieron buscar, mirar con atención para tratar de encontrarlos.



Pero nada pudo evitar que el drama tuviera un segundo capítulo, tan espantoso como el primero. El miercoles 16 de mayo al mediodía, casi 24 horas después de la primera secuencia de homicidios, Hernández, que se había alojado a las 17,15 del martes en un hotel de Chacarita, le pegó un balazo en la cabeza a Andriela y se tiró del octavo piso del lugar con el revolver 38 largo aún en la mano.



"He tomado una determinación. No queremos que velen a ninguno de los cuatro", decía una de las tres notas que el hombre dejó repartidas entre el hotel y el departamento de su ex. La primer carta fue encontrada por la Policía el martes a la noche cuando se descubrieron en el departamento los cuerpos de Verónica e Iván. En ella Hernández también indicaba el nombre del amigo a quien debían llamar para "reconocer los cuerpos".



Como suele ocurrir en estos casos fue un familiar (el padre de Verónica) quien sospechó que algo malo había ocurrido. Cuando el martes, llamó una y otra vez a la casa de su hija sin que nadie le contestara decidió ir hasta el departamento para ver qué ocurría.



Llegó cerca de las ocho de la noche y entró con su propio juego de llaves. Allí descubrió que Verónica e Iván había sido asesinados. Sus cuerpos —vestidos con ropa de calle— estaban en la bañadera cubiertos por una frazada.



Adrianela había desaparecido: la nota escrita por Hernández no dejó dudas de que él la tenía. ¿Pero dónde?



Así comenzó la búsqueda. Hernández era un desocupado, que cartoneaba, no tenía acceso a un auto y según conocidos y familiares de Verónica tenía problemas psicológicos serios. No podía ir muy lejos.



"Era un hombre con problemas. Estaba sin trabajo. Con ella era muy posesivo, no dejaba ni que los familiares viéramos a los hijos, ni que les habláramos ni que les regaláramos juguetes", contó a los periodistas Martín Tuma, hermano de Verónica.



Néstor Marchand, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras señaló a Télam que este tipo de crímenes suelen ser cometidos por personas que pasan por un "estado de emoción violenta y psicosis transitoria". El especialista aclaró que no tuvo acceso a la causa, que permaneció por un largo tiempo bajo secreto de sumario.



Todo terminó de la peor manera. "Cerca del mediodía nos avisaron que se había escuchado un ruido, como si alguien se hubiese caído. Descubrimos que el hombre se tiró del octavo piso. Fuimos a la habitación y allí estaba la nena, baleada", resumió a Clarín Carlos Mouzo, gerente del Torre Hotel, de Corrientes y Olleros. En la habitación quedó además la mochilita de la nena y un bolso con algo de ropa.



Allí Hernández concretó la última parte de la masacre. A las 11,30 pidió el desayuno, que no le subieron porque el horario de atención había terminado, después disparó contra su hija cuando estaba dormida cubriéndole la cabeza con una almohada, enfiló hacia la ventana y se tiró.

Comentarios

  1. "Benditos Son": Descansen en paz Verito, Ivancito, Andrielita, Gabi "Nuestro amado Jesús, la Santa Virgen y los ángeles los cuidan ahora".

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