lunes, 13 de julio de 2009

La Dra. Giubileo

Otro gran misterio de la historia policial argentina es el caso de la Dra. Cecilia Enriqueta Giubileo, quien desapareció la medianoche del 16 de junio de 1985 y nunca mas se supo de ella.
La Dra. Giubileo trabajaba desde 1977 en la colonia neuropsiquiatrita Montes de Oca, en Torres, partido de Lujan, tenia 39 años.
Nació en 1946. Estudió medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, en los trepidantes años sesenta. Militó en la izquierda, participó en huelgas y movilizaciones. El Cordobazo, en 1969, la vio entre los estudiantes que gritaban consignas en las calles de La Docta.
Cecilia se enamoró de un muchacho llamado Pablo Chabrol. En 1972 se casaron y se fueron a vivir a España; se radicaron en Gijón, donde Cecilia trató de revalidar sus estudios. Pero el intento duró poco. Menos de un año. El matrimonio fracasó. Ella volvió y, ya definitivamente separada, se concentró en la facultad.
En 1973, la Universidad Nacional de Córdoba le entregó su diploma de médica. Residió un tiempo en Campana, donde se empleó en una clínica metalúrgica, y en 1974, cuando entró a trabajar en Open Door, se afincó en Luján. Alquiló una casa en la calle Humberto I, y un consultorio en Torres. Aquí, una placa en la calle Calderón de la Barca 770 anunciaba su nombre y su especialidad: "Clínica médica".
La mañana del 17 comenzó como cualquier otra, en el estacionamiento, aún estaba el Renault de la doctora Giubileo. Fueron a buscarla, pero el dormitorio estaba vacío y la cama, sin tender. En la mesa de luz sólo encontraron un par de zapatos marrones con puntera beige. No estaba su bolso ni su maletín médico. ¿Salió del predio? ¿Alguien entró a visitarla?
Al cabo de unos días, los amigos y allegados de Cecilia, alarmados, hicieron la denuncia en la comisaría de Torres, donde quedó asentada como "búsqueda de paradero". La policía comenzó a reconstruir los movimientos de la doctora durante aquella noche. Pero todo terminaba cuando la doctora le había dicho al paciente que la había acompañado desde el pabellón 7 hasta la Casa Médica: "Andá tranquilo. Yo voy a descansar un rato".
Luego no se la vio más. No pasó nada extraño entre la noche del domingo 16 y el lunes 17 de junio de 1985 en la Colonia Open Door. Sin embargo, la doctora Giubileo se había esfumado.
Comenzó la lenta y penosa investigación sobre el paradero de Cecilia Giubileo, conducida por el juez federal doctor Héctor Heredia. De pronto, ante los ojos asombrados de los internos, la colonia fue invadida por inesperados visitantes. Jaurías de perros adiestrados husmearon los rincones. Un helicóptero sobrevoló el lugar buscando huellas. La policía se internó en túneles jamás explorados. Se revisaron sótanos y altillos con polvo de siglos. Las brigadas rastrillaron cada centímetro del predio. Se abrieron dos pabellones clausurados.
La familia de Cecilia, para activar la causa, contrató a un abogado, el doctor Marcelo Parrilli, quien señaló un dato extraño: la doctora había cargado el tanque del Renault el domingo por la tarde. Sin embargo, cuando lo revisaron frente a la Casa Médica, no tenía ni una gota de nafta. Otro dato llamativo: el paciente que fue a buscar a la doctora a la Casa Médica y la acompañó al pabellón 7 había visto salir un furgón funerario. Lógico: se llevaba el cuerpo de la paciente muerta. Pero también vio un coche negro con las ventanillas delanteras y traseras cerradas. Y la funeraria no sabía nada de ese coche.

El personal de la colonia fue interrogado minuciosamente. Pero los pacientes, esos mil doscientos pares de ojos, eran testigos mudos: muchos de ellos no podían expresarse. Y si lo hacían, ¿se podía confiar en la palabra de esos enfermos? El caso Giubileo encerró una paradoja: los que podían hablar, no sabían. Los que, quizá, supieran algo, no podían hablar.
Las conjeturas sobre su desaparición fueron infinitas. Se dijo que había descubierto una red que se dedicaba al tráfico de órganos y que, por eso, la habían secuestrado y asesinado. Que había sido víctima de la venganza de un grupo de tareas de los terribles 70 o de una organización subversiva.
También se aseguró que se había exiliado en un pueblo limítrofe entre Ecuador y Colombia porque se había convertido en miembro de una secta religiosa. Y, por último, que mantenía relaciones con mujeres y practicaba ciencias esotéricas.
Nada de esto se pudo comprobar y el caso termino impune.
Nunca hubo una sola pista firme para encontrarla. Sí infinidad de preguntas sin responder. El director de la Colonia, Francisco Elías Sánchez, no hizo la denuncia policial por la desaparición de la médica. En cambio, inició un sumario administrativo por el abandono de la guardia. La Casa Médica fue el último lugar en donde se la vio a Giubileo, allí descansaban quienes estaban de guardia. Al otro día de su desaparición (un lunes), en el lugar comenzaron tareas de refacción y pintura de las habitaciones. Muchas pruebas se perdieron para siempre. La hoja del cuaderno donde constaba el último ingreso de la médica a la Colonia fue arrancada. Se robaron una libreta, carpetas y una grabación de la casa de Giubileo. Según sus amigas, eran las pruebas de las sospechosas muertes de los pacientes. Durante la investigación, grupos de encapuchados golpearon e intentaron secuestrar a varios de sus amigos y colegas de la colonia. Entre ellas las enfermeras "Chichita" Realini y Mabel Tenca, las últimas personas que la vieron con vida.
Se hurgó en la vida sentimental de la médica, lógicamente agitada por tratarse de una mujer joven, hermosa y libre. Pero todos los involucrados soportaron la investigación sin que pudiera acusarse a nadie.
¿Tenía que ver el pasado tormentoso del país con la desaparición de la doctora Giubileo? Se especuló con ello. Pablo Chabrol, su ex marido, no registraba antecedentes políticos, pero dos hermanos de él habían militado en el ERP y estaban en las listas de desaparecidos de la Conadep. El suegro, Pablo Pedro Chabrol, molestó a los militares con sus incansables gestiones para averiguar el paradero de sus dos hijos, por lo que también él fue detenido y castigado.
Pero la conexión política no avanzó porque no pudo hallarse una relación entre estos sucesos y la misteriosa desaparición de Giubileo.
Poco a poco, el verdadero rostro de Open Door salió a relucir: había tráfico de órganos, se utilizaban enfermos como cobayos para experimentar nuevas drogas. La corrupción reinaba en un hospital en el que el 85% de los pacientes no habían sido visitados por nadie durante el último año, la desorganización, el caos administrativo y la desidia hacían de Open Door un depósito de cobayos. Las evidencias eran abrumadoras: cuando se renovó el mobiliario se sobrefacturó la compra. Miles de pacientes habían pasado por la colonia sin que se registrara su alta o defunción. En el sumario interno, el director de la colonia alegaba que los pacientes solían escaparse. Pero uno de los "huidos" era parapléjico. ¿Por qué la tasa de mortalidad era tan alta? ¿Se realizaban en Open Door extracciones de córneas? ¿Se traficaba con plasma, que en aquella época se vendía a 60 dólares el litro? ¿Eran los mil doscientos pacientes de Open Door donantes involuntarios? ¿Se vendían riñones, hígados, córneas, de pacientes (¡vivos!) por quienes nadie protestaría? Se abrió un sumario por las irregularidades de la colonia, que incluían maltrato sexual hacia las enfermas y sospechas de rufianismo. Pacientes de Open Door habían quedado embarazadas y hubo apropiación de los recién nacidos.
La conexión de este infierno con la doctora Giubileo no tardó en instalarse en la opinión pública. Si en su vida privada no se encontraban motivos para su asesinato, sólo había que sumar dos más dos: Cecilia había metido la nariz en un turbio mundo ilegal.
Otra gran deuda de la justicia argentina que prescribió en el año 2000 con más dudas que certezas.

Fuente: lanacion.com

1 comentario:

  1. Estoy buscando a un Pablo Chabrol, de Argentina, qué podría ser el qué se casó con Cecilia Enriqueta Giubileo. Conocí a Pablo Chabrol en el año 1975 en Ginebra, donde cantaba, dentro de la banda "Solamerica", con su hermano Juan Chabrol, qué tenía 17 años - y qué desapareciò desgraciadamente poco después (lo supe a través de Internet). En la banda Solamerica, también jugaban dos españoles: Maria y Angel. Estoy buscando a Pablo porqué tengo une grabaciòn de la voz maravillosa de su hermano Juan, y de Pablo mismo siblando melodias y diciendo poemas con un talento increible. Tengo también tres o cuatro fotos de Pablo y Juan. Tal vez Pablo recuerda aquella noche pasada en un piso de Ginebra con cinco jovenes de Ginebra - cuatro chicas y un chico -, una agradable noche, llena de canziones. Si Pablo lee este mensaje, o si alguien conoce a el, me puede escribir a jaouich@yahoo.fr.
    Muchas gracias.
    Marlène
    P.-S. Lo siento por mi español...

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